





Un panelado supermate integró una puerta escamoteable que, al abrirse, revelaba un nicho técnico con ventilación oculta y pasamuros numerados. Al cerrarse, el salón recuperaba calma absoluta. El cliente dejó de sentir el televisor como protagonista. Aprendimos que el equilibrio entre accesibilidad y silencio requiere ensayos previos de herrajes y una calibración paciente. El resultado final fue un espacio que invita a conversar, leer y estar, sin objetos imponiéndose.
En un dormitorio estrecho, la solución fue un frente continuo con gola vertical y puertas a techo, chapadas con veta coordinada. Detrás, iluminación regulable y organización modular. El secreto estuvo en respetar el ritmo de pilares y diseñar un zócalo retranqueado que hacía flotar el plano. El cliente destaca la sensación de amplitud y orden mental. Una intervención silenciosa que transformó la rutina sin reclamar atención, solo facilitando cada gesto cotidiano.
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